Correr ya es un deporte duro, agotador y demandante; si uno no se lo toma con sentido del humor… ¿para qué sufrirlo?
Esto, obviamente, es mi opinión. Sé que hay quienes verdaderamente llegan a casa frustrados, enojados, porque por dos minutos no lograron su meta personal. Porque una ampolla los sacó de la carrera. Y bueno, con todo lo que uno entrena, es lógico sentirse mal, pero viéndolo bien, correr también ofrece muchas oportunidades de relajarse, tomárselo con calma y reírse de las circunstancias o de uno mismo.
En la Correcaminos, por ejemplo, mi amigo Jonathan Delgado corrió con un disfraz de vaca. Sí, de vaca. De pies a cabeza. No podíamos creerlo. Aparte de la incomodidad que me imagino que significó correr 10 kms vestido así, pensé en el vacilón que fue para él escuchar a la gente gritarle de todo. Fotos por todos lados. ¡Jonathan iba vestido de vaca! Nos hizo el día.
A mi lado pasaron dos muchachas con su “tutú” rosado; también veloz, siempre me pasa y me deja botada el Chapulín Colorado, y el Indio Leo, que no me explico cómo corre con ese penacho tan incómodo, también va haciendo espectáculo en la ruta.
“Me estoy orinando” me dijo una amiga en una carrera. “Pará, y te esperamos” le dije. “No no: que lo estoy haciendo en este momento, ¡me estoy orinando!” me dijo, y bueno, le echamos un poco de agua encima y cero problema.
Excepto algunos comentarios pasados de tono, la gente suele gritar cosas divertidísimas desde la acera. “Apúrele macha, quedan 300 metros” – y uno perfectamente sabe que quedan 800 o más. Rótulos como el famoso “Corra como si se hubiera robado algo”, o “En la meta hay birras” nos obligan a relajarnos y nos sacan una risa, a pesar del dolor de piernas.
Una vez, una chiquita por hacerme el favor, me exprimió en la cabeza una esponja de agua fría… ni tiempo me dio de quitarme. ¡Adiós iPod y audífonos!
Algunos creen que el humor le falta el respeto al atletismo. Que correr con un disfraz o no enojarse por no mejorar una marca personal es ser un corredor “poco serio”. Yo no lo creo así. Uno sabe que los grandes atletas no tienen tiempo para bromas, para conversar en el camino o si quiera para perdonarse unos segundos de diferencia con el primer lugar; pero los demás, los que llegamos detrás de la élite y hasta posamos para la foto también entendemos que hay que ejercitar, más que las piernas, la actitud. Entrar bailando a la meta, correr cantando, sonreír: correr es humano. Y sí, hasta el Chapulín Colorado corre más rápido que yo.